sábado, 4 de mayo de 2013

Cuando el mal se banaliza, también se democratiza.


Uno de los peores casos de desarrollo psicocultural de "yoes" aplastados, castrados, reprimidos y culposos es el de la conquista por dictaduras en Cuba, Venezuela y Argentina .

Invasión más engaño, violencia militar más violencia política, opresión cultural, aplastamiento de la libertad de expresión, educacional, lingüística, ritual, social, familiar, religiosa, cotidiana, todas ligadas.

Llevada en el tiempo los pueblos absorben, como un veneno en pequeñas dosis que no llega a matarlos , todo lo que el dictador "dicta" entre falacias y engaños para el supuesto "bien" de la población. Lo hacen carne, creen al punto de que no existe "otra verdad" que no sea la del tirano/a de turno.

La quiebra de la cultura implica la quiebra de la economía (necesidades materiales básicas) y de la visión de mundo (necesidades psicoculturales básicas) y la quiebra del yo y de la identidad.

Tal es así que la mayoría de la población no consciente, de poca o nula educación, ya que el tirano/a se esfuerza para que así sea, rinden pleitesía al nuevo Dios que los salva del yugo, les da sustento sin trabajar, y contamina su psique con una ideología primaria.

El fenómeno populista no es nuevo en Latinoamérica. Ha habido una considerable tradición al respecto, que va de Lázaro Cárdenas en México a Juan Perón en Argentina, pasando por Velasco Ibarra en Ecuador y Paz Estensoro en la Bolivia de los años cincuenta.Hasta llegar a nuestros días con Fidel Castro, Maduro, Cristina Kirchner, etc.

Por supuesto que ellos tienen diferencias entre sí, pero guardan una serie de rasgos psicológicos en común que vale la pena enfatizar:

1.Remiten a un liderazgo personalista, fuerte y de rasgos carismáticos;

2.Muestran reservas hacia el parlamentarismo, y también hacia el pluralismo en su versión de representación partidaria;

3.Remiten más a “movimientos” que a la forma-partido (si bien estos movimientos, en la primer versión populista latinoamericana, tendían a ser unívocos, no representación de variados “movimientos sociales autónomos” como ocurre actualmente);

4.En gran medida, su configuración se dio desde el poder del Estado, es decir, siendo gobernantes sus líderes;

5.Sostienen posiciones nacionalistas, y tendencialmente proponen a la propia identidad como representativa de la Nación frente a poderes externos;

6.Sostienen una defensa del pueblo como entidad plebeya frente a las élites económicas, políticas y culturales, asumiendo cierto rechazo de lo ilustrado;

7.La representación del “pueblo” resulta siempre policlasista, y promueve una identidad colectiva inexistente antes de que el discurso populista irrumpiera.-

Y los pueblos se rebelan. Como pasa actualmente en Venezuela y la Argentina.

Una pregunta corriente en éstos tiempos es : Pero cómo llegamos a ésto?

Y la respuesta es, a mi parecer, que nos fuimos acostumbrando a no ponerle pasión a la libertad, banalizamos el mal, que cómo nos tocaba indirectamente lo ignorábamos, nos acostumbramos al mal, a la corrupción, a las injusticias....ése fue el mayor error, lo banalizamos.... y es así como la gente y los grupos que son normales y corrientes, pueden desarrollar, en determinadas condiciones, un nivel de maldad para salvarse o para sentirse poderoso al formar parte del poder.

Ésta es una lección de poder que nos duele, o nos debe doler, como seres humanos y, de esta manera, evitar banalizar el mal por la forma cómo lo enfrentamos y lo comunicamos, como lo sentimos y como lo manejamos y estar pendientes de todos los mecanismos que usan muchos poderes para anestesiarnos (desensibilizarnos) frente a los actos de maldad y crueldad.

Todo es cuestión de consciencia y evolución.



Un pueblo sano supone una sociedad semisana y semijusta, en que los padres, además de no ser castrados-castradores, neurotizados-neurotizantes, o reprimidos-represores, o agresivos-agresores, o víctimas-verdugos, tengan la oportunidad de llegar a ser protectores-afectuosos-guías, alimentadores materiales y espirituales de las nuevas generaciones.

Las peores tragedias comienzan cuando
un ser humano débil se cree invulnerable y
un mortal héroe se cree imperecedero…Y

las peores tragedias sociales se evidencian cuando
quien se cree un héroe genera burlas y risas
que tiene que callar produciendo miedo.
Eurípides.


Como diría Jung, el latinoamericano se pone la máscara del occidental, pero es perseguido por su sombra indígena, la cual no queremos ver.

No hay comentarios:

Publicar un comentario